La Comunicación no tiene que ser sólo fácil y rápida, sino mejor.

La periodista Ginarely Valencia, a través de su cuenta de Twitter, invitó a sus seguidores a conocerse mejor; lanzó una pregunta: “¿Qué prefieren y por qué? A. Comer solx. B. Comer acompañadx pero cada quien entretenido en su celular. C. Comer acompañadx pero sin conversar.”

Seguro de la magnitud de la pregunta, me di una pausa para reflexionar la respuesta. Venía manejando, así es que tenía tiempo para profundizar en corresponder con la pregunta. Reconozco el deseo indescriptible e implacable de apresurar los pulgares para acelerar la respuesta.

Pienso que en la mayor parte de la historia de la humanidad, la comunicación ha sido cara a cara. Mucho antes de que existieran las pictografías, los pergaminos, las tabletas de arcilla, los bolígrafos, el papel, el telégrafo, el correo, la radio, la televisión, el internet  (y con esta última, las redes sociales), la única forma que tenían las personas para relacionarse y entenderse era… hablando. Esto sigue siendo cierto en todo tipo de organizaciones, incluso hace apenas unas décadas, para acelerar las decisiones, directivos, clientes (o usuarios), y colaboradores se apoyan en otros recursos o instrumentos como el teléfono, pero continúa privilegiándose el diálogo.

Con el tiempo, las nuevas tecnologías han cambiado la forma en que nos comunicamos y relacionamos. En la actualidad es mucho más probable que enviemos un correo electrónico o mensaje de texto a un cliente, familiar o amigo, en lugar de hablar con ellos cara a cara. Es más rápido y, de alguna forma, más fácil.

¿Eso es bueno? Nunca como ahora había sido tan fácil conectarse con otros y enviar mensajes, pero esto también significa que nunca como ahora había sido más fácil equivocarse. Un solo mensaje malinterpretado, un correo electrónico poco claro o un pensamiento pasado por alto, puede significar que proyectos enteros se salgan del camino o se vengan abajo.

De lo que estoy seguro es que la tecnología acelera el ritmo de todo, (o casi todo), especialmente los malentendidos y las malas interpretaciones. Es muy fácil interpretar mal los mensajes bien intencionados si se entregan utilizando el medio incorrecto, en el momento inadecuado o cuando el destinatario está de mal humor y el remitente no tiene otra forma de anticiparse a eso.

La comunicación debería conducir al progreso. Tal como lo establece la Real Academia de la Lengua: “La comunicación (del latín communicatio), es la acción consciente de intercambiar información entre dos o más participantes con el fin de transmitir o recibir información u opiniones distintas”.

La comunicación debería dar como resultado una comprensión más productiva. La comunicación efectiva es lo que ayuda a llegar a un acuerdo, mejorar la comunidad a la que se pertenece, compartir las ideas, persuadir de algo y, en general, alcanzar objetivos de beneficio común. Lo más importante, mantener y fortalecer relaciones clave.

Hoy más que nunca hemos desarrollado una variedad de herramientas avanzadas destinadas a facilitar la comunicación. Y cada vez más nos ocupamos de las tendencias que marcan el devenir de nuestro tiempo, Hoy sabemos, por ejemplo, que las marcas vinculadas a un propósito sostenible son las que están creciendo más; que el auge de las fake news está impulsando una nueva era en el ejercicio periodístico;  que está aumentando la preocupación por la reputación en el sector tecnológico; que la voz volverá a ser el canal estrella de la comunicación, o que vivimos la era de los líderes de influencia, etcétera.

Todo lo anterior quizá nos da alicientes para comprender que tenemos una comunicación más fácil o más veloz; sin  embargo, más fácil o más rápido no significa mejor.

Cuando nos comunicamos en persona es más útil. Tendemos a centrarnos en expresar ideas específicas, atender otros elementos comunicantes como el color, la profundidad, la proximidad, el tono e intensidad de voz; sentir las emociones y escuchar sobretodo lo que no se dice, para, de esa manera, llegar a un entendimiento.

Las herramientas modernas permiten compartir contenido sobre la marcha, en mensajes pequeños e incluso a través de emojis. Muchos de estos apenas califican como pensamientos completamente formados. Muchos confunden e incitan, en lugar de hacer sentir o comunicar.

La tecnología, efectivamente, ha logrado que todo sea más rápido… especialmente la falta de comunicación.

Pero la tendencia es obvia: la tecnología nos sigue brindando nuevas formas de interactuar. Por ejemplo, las herramientas de video como FaceTime están aumentando en popularidad. En los negocios, el video ocupa un lugar más frecuente en la mesa de la sala de conferencias. Plataformas como Zoom y WebEx nos llevan de vuelta a las conversaciones cara a cara del pasado con las tecnologías actuales.

La Inteligencia Artificial (IA), nos asegura que la próxima generación de conversaciones y reuniones “face to face” promete llevar hologramas, tecnología 3D y realidad virtual a las salas de reunión, combinando aún más las reuniones virtuales con las reales. Y mucho, mucho más.

La pregunta de la conductora del noticiario Criterio de Uni Radio 99.7, realizada en Twitter, me hizo recordar cuán importante es la tecnología para la productividad en nuestras vidas y proyectos de desarrollo personal, familiar y organizacional; sin embargo, puso el dedo en la llaga al recordarme también algo de lo mucho que nos estamos perdiendo por privilegiar el uso las nuevas tecnologías.

Cuando pensé por fin en corresponder con mi respuesta, me enfrenté a la posibilidad de elegir dentro de tres opciones, un futuro deseable. Teniendo a la tecnología como razón de peso, mi respuesta dejó de lado la velocidad y la facilidad, y me decidí por aumentar las probabilidades de mantener relaciones más firmes y más fuertes:

“Prefiero disfrutar de una gran compañía, gozar de la riqueza de una conversación, haciendo a un lado el celular y mirando a los ojos”.

Nos oímos o nos leemos pronto.

RaúlGONZÁLEZROMERO