“Mientras me siento aquí ahora, cuando me quito el zapato y miro mi cicatriz, veo belleza en ella. Veo todo el trabajo duro, todos los sacrificios. Veo el viaje que tomó para volver a este punto de ser saludable. Y veo belleza en esa lucha. Eso es lo que lo hace hermoso».
Kobe Bryant
El mejor modo de decir es hacer, predicaba José Martí. Esa frase es la mejor manera de entender el liderazgo. El liderazgo, comprendido como el arte de la persuasión, el acto de motivar a la gente a hacer más de lo que nunca creyó posible en pos de un bien mayor; aquel acto que no tiene nada que ver con títulos o con niveles de autoridad.
Se puede continuar con la creencia de que el liderazgo es la consecuencia -para muchos lógica-, de tener personas a quién mandar o a quiénes exigir reportes por determinadas actividades encomendadas. En este contexto, está de sobra decir que una persona no se convierte en líder cuando se siente por encima de los demás, se asigna méritos de otros, hace aportaciones irrelevantes, abusa del poder u odia a quienes le hacen sombra.
¿Cómo se le puede denominar a aquellas personas que, sin proponérselo, tienen una determinada influencia positiva en los demás? Y hablo de una influencia social, nada que ver con el poder derivado de una posición jerárquica.
LA NOTICIA DEL BASQUETBOLISTA
El pasado domingo el mundo amaneció con una noticia que desde las primeras horas de la mañana hizo estremecer a las redes sociales digitales que empezaron a difundir la información acerca del fallecimiento de Kobe Bryant.
Efectivamente, hacia el mediodía del domingo 26 de enero, la noticia acerca del deceso de Bryant se expandía como reguero de pólvora. Medios internacionales daban a conocer notas periodísticas acerca de que la leyenda del baloncesto había fallecido, junto con otras ocho personas, entre ellas su hija Gianna Maria Onore, de 13 años, al estrellarse el helicóptero en que viajaba, en una zona residencial al norte de Los Ángeles, en los Estado Unidos.
Kobe Bryant ha muerto a los 41 años. El ídolo de los Lakers de Los Ángeles, que se retiró en 2016, viajaba en una aeronave privada. Fue uno de los mejores jugadores de basquetbol de la historia y de los mejores de la historia de la NBA. Bryant deja un enorme vacío en la NBA. El básquetbol está de luto.
BRYANT: PROTAGONISTA E INFLUENCIADOR
Pero más allá de las reseñas que ya se han escrito y leído durante más de 16 horas a raíz de la noticia, lo que es importante advertir en esta colaboración es la relación que tiene este fallecimiento con el tema que elegimos para esta entrada, el liderazgo.
En el mundo de la persuasión y la influencia, querámoslo o no, Kobe Bryant es un referente obligado porque, como lo escribe Pablo Adan, consultor, formador en marca personal, marketing y liderazgo: “El protagonismo se consigue a través de la realización de acciones relevantes en un momento concreto, y tiene mucho que ver con el ejemplo puntual en el trabajo bien hecho o la notoriedad. La influencia mientras tanto lleva a una dimensión mayor, ya que se dispone para ejercer cierto dominio sobre las voluntades de una persona o un colectivo con el propósito de conseguir algo previamente dispuesto”.
Kobe Bryant era el vivo ejemplo de ese tipo de personajes públicos de gran poder e influencia; justo como lo dice José Antonio Llorente, fundador de Llorente y Cuenca, consultora líder en comunicación y asuntos públicos: “Actualmente el poder lo tiene quien sabe comunicar”. Y Bryant lo hacía muy bien.
El basquetbolista representaba el prototipo de liderazgo que mueve hoy a las nuevas generaciones; esas generaciones cuyos integrantes están seguros de que la tarea principal de un líder es crear las condiciones ideales para que los miembros de su equipo saquen lo mejor de sí. Como se ha escrito, los nacidos después de 1980 aprueban y entienden menos la jerarquía que las generaciones anteriores y, en paralelo a la necesidad de estar todos más cerca de las personas, de los seguidores; aquellos que tienden a adoptar comportamientos más horizontales.
Vivimos un reconocimiento más abierto del líder, menos jerárquico, más transformacional, que desafía e inspira a otras personas y marca una diferencia en el mundo. En esos terrenos se movía nuestro referenciado.
EL LIDERAZGO DE BRYANT
El basquetbolista representaba el nuevo liderazgo de influencia. La influencia entendida como moralmente neutral (que puede ser usada para bien o para mal), pero que siempre involucra tanto las relaciones como los resultados. Se puede influir sin ser un líder y se puede liderar sin influir, pero no se puede ser un buen líder sin influir. El liderazgo sostenido por la influencia es aquel que nace de la conexión con los seguidores.
A cada paso, en cada partido de basquetbol, en su comportamiento fuera de los entarimados, los seguidores se sentían conectados con su líder; uno y otro, de ida y vuelta, con Bryant al centro, se abrían a la influencia de otros. Por eso el basquetbolista era un ícono.
Kobe Bryant representó para muchos el cambio de piel para la obtención de resultados. Supo abandonar la rigidez estructural de las jerarquías y su comportamiento se orientó más hacia el poder de la influencia y la capacidad para generar confianza. Siempre involucró tanto las relaciones como los resultados.
Motivaba y promovía el entusiasmo dentro y fuera del ámbito deportivo; no amedrentaba, mucho menos imponía, así lo muestra su conducta en sus cuentas de redes sociales, sobre todo la de Instagram. Precisamente de eso se trata la influencia, de la capacidad de hacer que otros se sientan identificados y aumenten de manera autónoma y genuina sus esfuerzos para mejorar la percepción pública, en este caso la de una marca deportiva.
Es el llamado liderazgo que ha evolucionado con el paso de los años, modificando las conductas estrictas y rígidas, dando paso a compartir creencias con integrantes de comunidades afines.
Kobe Bryant era un buen líder, una persona de una buena comunicación con sus seguidores, que fue capaz de alcanzar sus objetivos, sin necesidad de utilizar comportamientos autoritarios, como otros íconos del deporte que se caracterizan por todo lo contrario.
Para muestra, un texto escrito por uno de sus miles de seguidores: Carta a Kobe Bryant de un seguidor colombiano, de Camilo Bravo, publicada por el diario El Espectador, de la que recomiendo su lectura en este link. Destaco de ella: “Lo que nadie sabe es que esos vídeos de Kobe me hacen tan feliz, que los veo y me pueden arreglar el día. Y escribo esto porque estoy desesperado por decirle al mundo que por 18 de los 20 años que duró su carrera estuve ahí, pendiente de su legado. Lo seguí, crecí y ahora busco tener la misma determinación que él tenía en el deporte, para aplicarla en mi vida”.
Kobe Bryant puede descansar en paz, deja un gran legado; el legado de haber sido un líder de influencia.
Espero que la información que presento te sea de mucha utilidad. Tu retroalimentación es importante, te invito a comentar, compartir y reproducir con toda libertad la presente entrada a mi blog.
Nos oímos o nos leemos pronto.
RaúlGONZÁLEZROMERO