El confinamiento obligado por la pandemia, además de las afectaciones a la salud pública, transformó de manera radical al mundo, colocando a personas, empresas e instituciones en un viaje sin retorno.
20 meses bastaron para que la sociedad encontrara nuevas formas de relacionamiento y de consumo, dando paso a la consolidación del prototipo diseñado décadas atrás y que, ante la presencia de la COVID_19, casi por obligación, no tuvo otra alternativa que terminar de nacer: El Prosumer, del que hablaba Alvin Toffler por primera vez en el libro “La Tercera Ola”, en la década de los 80s; el ser humano ávido de contenidos generados por él mismo y por otros.
En esta travesía mucho tuvieron que ver los avances tecnológicos, el internet y el uso de las redes socio digitales, elementos que representan la punta del iceberg para comprender el giro de 180 grados que dio la humanidad en materia económica y social durante la pandemia.
Es en el mundo del management en donde particularmente se sintió más el abrumador cambio, pues organizaciones, marcas y consumidores no tuvieron tiempo para esperar, enfrentando los desafíos de un entorno complejo, ambiguo y volátil, en el que fue difícil detenerse ante el virus del SARS-CoV-2, para la continuidad de las operaciones.
En el sector de las agencias que se dedican a brindar servicios de comunicación, empresas y consultores tuvieron que apoyar sumando conocimientos, experiencias y talento, de la mano de tecnologías disruptivas para lograr una adaptación digital homogénea e integral con el propósito de brindar soluciones y hacer posible la continuidad de sus operaciones y la unidad de los equipos de trabajo.
Al cabo de los meses -prácticamente dos años-, con la Covid_19, la transformación digital creció exponencialmente, la adaptación de nuevas tecnologías se enfrentó, muchas veces, a la lentitud de las decisiones por parte de los cuerpos directivos para anticipar los cambios que el entorno demandaba.
Sin embargo, muchas empresas de comunicación migraron su oferta y desde el corazón de la crisis pandémica afinaron sus servicios y adaptados a la nueva realidad ofrecieron la aplicación de tecnologías disruptivas para ayudar a sobrevivir en el nuevo entorno competitivo.
Y aquí está el mayor de los aprendizajes. La comunicación ya no es lo que fue, y probablemente ya no será como la conocimos. La comunicación atraviesa el mejor de sus momentos, dada la aceleración de los procesos digitales que trajo consigo el confinamiento y el consecuente surgimiento de nuevas formas de vinculación social.
Si después de pasada la crisis sanitaria la generalidad de empresas, líderes e instituciones continúa entendiendo la comunicación como hace dos años, estarán asegurando su fin.
La ventaja la tendrán quienes se preparen para acceder más rápido a la información, innovando en creatividad, talento y tecnología. El futuro será de quienes entiendan la información, la procesen en grandes cantidades, la usen y la transmitan; en pocas palabras, quienes se anticipen a comprender y predecir el comportamiento y las actitudes de usuarios y consumidores a través de analíticas.
Al profesional de la comunicación en 2022 le toca ampliar sus horizontes. El umbral de crecimiento estará dominado por la transformación digital. Es un tema que deberá estar sumado en la agenda de prioridades si lo que desea es sobrevivir al ritmo que han impuesto los nuevos tiempos.
Sobre tecnologías exponenciales y su impacto hoy toca aprender, aprender más.
Aún con ello, no sorprende que muchos colegas y empresas de comunicación pasen como inadvertidas las lecciones que la pandemia ha dejado y sin pena ni gloria, continúan con la implementación de soluciones a problemáticas organizacionales nunca antes conocidas, con nuevos esquemas de complejidad, propios de una etapa que no fue para vacacionar. La nueva realidad exige de nuevas metodologías que superen fórmulas conocidas para incrementar la productividad y eficacia en todos los niveles de las organizaciones.
El reto está en ampliar la visión para desarrollar un liderazgo enfocado en la transformación digital, en el que primen la disrupción, la innovación tecnológica y una disposición inaplazable para la revisión de propósitos corporativos.
Si algo empieza a caracterizar al nuevo escenario en que operará el profesional de la comunicación para mejorar la cadena de valor, ese tiene que ver con la gestión de datos en grandes cantidades, la presencia omnicanal, la perspectiva digital y la experiencia de los clientes y colaboradores.
En la actualidad, comunicar es sinónimo de influir y para poder hacerlo se requiere, además de voluntad, adaptabilidad y conocimientos; infraestructura, tecnología, experiencia y multidisciplinariedad, para una sociedad más compleja, demandante y cambiante.
No existe sobre la faz de la tierra cualquier intento de relación humana ajena a la necesidad de la comunicación. Todo lo que implique personas, organizaciones y bienestar pasa por la comunicación.
Durante el tiempo que duró la pandemia, dos años aproximadamente, la sociedad evolucionó lo de 20 y con ella, las formas de comunicar. Por lo que, por el bien de sus stakeholders, organizaciones y profesionales requieren estar a la altura de un mundo cada vez más demandante en el que la comunicación va a tener todavía mayor presencia y relevancia.
RaúlGONZÁLEZROMERO
