Introducción
En algún momento de su vida, todo director general necesita tomar la difícil decisión de cambiar. Puede resultar lo más difícil para un líder, pero está obligado a comprender también que es lo más importante. De hecho, es lo que hace grandes a los líderes: saber cuándo cambiar y ser capaz de hacerlo con éxito, aunque las condiciones no parezcan las mejores. Aprender a gestionar el cambio es una de las habilidades fundamentales que puede tener un director general. Son muchas las prácticas que los directores generales deberían dejar atrás si quieren que sus organizaciones tengan éxito en esta nueva realidad.
Por eso, aquí te comparto 5 malas prácticas que todo director general debe dejar atrás si desea llevar a su organización a mejores entornos de desarrollo.
1. Mala comunicación
La comunicación es el alma de cualquier organización de éxito. Es crucial que como director general generes mensajes claros que lleguen a los colaboradores, clientes y demás audiencias que conforman los públicos de interés de la empresa. Los errores de comunicación de un director general no son diferentes a los que se presentan en el contexto de la organización, antes bien, le anteceden o son consecuencia de ello. Pueden ser tan simples como no escuchar, o pueden ser tan complejos, como la incapacidad de entender lo que los colaboradores están diciendo.
Cuando se trata de la comunicación tuya como alto directivo de una empresa, es fácil que te centres en ti y pierdas de vista lo que realmente estás tratando de lograr. Debes saber que, en la mayoría de las veces, predominan pensamientos personalistas relacionados con cómo les beneficiarán a los colaboradores tus extraordinarias ideas, y te olvidas de que, de lo que se trata, es de trabajar juntos hacia la consecución de un objetivo común, con la participación de todos.
Es importante que los directores generales recuerden que no son los únicos que se juegan algo en la organización: todos los implicados lo hacen. No es cuestión de pleitesía o solo porque es el jefe, todos tienen que estar de acuerdo. Un director general que no se comunica bien es uno que no se toma el tiempo para asegurarse de que todos están en la misma sintonía.
2. Obstinación en mantener tu propio punto de vista
Debes estar abierto a nuevas ideas. Debes escuchar a los demás y estar abierto a cambiar de opinión. Debes ser capaz de admitir que te equivocas, incluso si eso te hace quedar mal a corto plazo.
La capacidad de admitir que uno se equivoca es fundamental para tener éxito en cualquier situación, pero es especialmente valioso en una organización en la que las personas tendrán opiniones diferentes sobre lo que debe suceder a continuación, porque tienen diferentes antecedentes y experiencias que conforman sus criterios y puntos de vista.
3. No escuchar a colaboradores y usuarios
Escuchar a los colaboradores y a los clientes es uno de los aspectos más importantes que puede hacer un director general, pero muchos no lo hacen. Y lo que es peor, los directores generales a menudo escuchan con la mente puesta en lo que van a decir a continuación. Eso no es realmente escuchar.
La clave para ser un oyente eficaz es hacer preguntas y dejar que los demás hablen. Cuantas más opiniones recibas de los demás, más posibilidades tendrás de averiguar lo que quieren o necesitan de tu empresa y cómo pueden ayudar a que tenga éxito, y eso significa mayor crecimiento para tu organización.
También hay que tener en cuenta que cuando los clientes ofrecen su opinión sobre tus productos o servicios, no es aceptable solo porque «me están pagando». Una buena manera para los directores generales que no son muy buenos escuchando, es simplemente decir algo como: «gracias por compartir estos pensamientos conmigo; estoy seguro de que mucha gente se beneficiará de escucharlos también». Nunca olvides que todos tenemos perspectivas diferentes que hacen que la vida sea aún más interesante.
4. No aprender de los fracasos
Los líderes que no aprenden de sus errores están condenados a repetirlos. Esto es especialmente cierto cuando se trata de directores generales. Desde esa posición alta de la organización se debe modelar el comportamiento que se desea para toda la empresa, asumiendo los fracasos y aprendiendo de ellos.
Los fracasos son inevitables en los negocios; son parte del proceso de aprendizaje. Cuando algo no funciona como se había planeado, no es un signo de debilidad; es sencillamente una señal de que se está intentando algo nuevo y desafiando de una manera que otras empresas no están dispuestas o no son capaces de hacer todavía porque tienen demasiado miedo al fracaso.
5. Tomar todo el crédito por el éxito y pasar la culpa del fracaso a otros
Atribuirse todo el mérito del éxito y echar la culpa del fracaso a otros es una práctica recurrente que debe dejarse atrás. Atribuirse todo el mérito del éxito es una trampa en la que es fácil caer, pero es importante que los directores generales asuman la responsabilidad de sus errores.
Los directores generales deben ser capaces de admitir cuando se equivocan y aprender de esos errores. Esto mostrará a los demás colaboradores que eres humano, lo que a su vez genera confianza en el entorno laboral.
Ideas al Vuelo: Cuando los directores generales no cambian, se quedan atrás. Lo más grave es que, creyendo lo contrario, preparan a sus organizaciones para el precipicio. Ningún CEO es inmune a estas situaciones. Aprender a gestionar el cambio y a prepararse para él es algo que todo director general debe hacer.
El cambio es la única constante. Esta es una verdad incuestionable para todas las organizaciones, grandes y pequeñas. La forma en que su director general gestione los cambios en el entorno pospandémico caracterizado por la incertidumbre, determinará si la empresa retiene a los clientes/usuarios o los pierde y se deciden a irse con la competencia.
El cambio es inevitable. Es posible que sigas pensando en seguir manteniendo las cosas como están, pensando en que, si funcionó tu fórmula en el pasado, ¿por qué no podría funcionar ahora? Sabes perfectamente que eso no es cierto: el cambio está siempre a la vuelta de la esquina y, cuando llame a tu puerta, vendrá con un gran martillo. La única forma de estar preparado para estos cambios es anticipándote.
Conclusión
Espero que este artículo te haya ayudado a comprender la importancia de prepararse para el cambio en la empresa y cómo hacerlo. Como hemos visto, muchos directores generales han luchado con este problema en el pasado, pero hay algunas cosas que todo director general puede hacer para asegurarse de no ser víctima de malos hábitos y prácticas innecesarias que pueden obstaculizar el éxito ante los desafíos del mundo actual.
Excelente propuesta que nos recuerda que la comunicación, la sencillez, la práctica de valores, el trabajo en equipo, la constancia; son la base del éxito.
Gracias Profesor Raúl, por compartirnos información de valor y oportuna; me es de gran utilidad.
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