“El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos.” – Michael Jordan
Hay una línea muy delgada entre construir una marca personal poderosa y convertirte en un lobo solitario que opaca a su equipo. En un mundo obsesionado con la visibilidad, la influencia y el estatus, es fácil caer en la trampa del individualismo extremo. Pero, ¿qué sucede cuando el brillo de una persona apaga la luz del grupo? ¿Hasta qué punto el crecimiento individual es compatible con el éxito colectivo?
El equilibrio entre destacar y sumar valor
Vivimos en una era donde la autopromoción se ha convertido en una moneda de cambio. LinkedIn, Instagram y otras plataformas están llenas de historias de éxito personal, hitos profesionales y logros individuales. Sin embargo, pocas veces se habla del impacto que esto tiene en los equipos de trabajo.
Un profesional que se enfoca exclusivamente en su crecimiento sin considerar a los demás puede volverse un elemento disruptivo. Es el caso del ejecutivo brillante que consigue todos los reflectores, pero deja en la sombra a sus colaboradores. O del emprendedor que presume cada victoria como si fuera producto exclusivo de su genialidad, olvidando mencionar a quienes realmente hicieron posible el resultado.
No se trata de apagar nuestra luz para que otros brillen, sino de encontrar la manera de crecer sin eclipsar a quienes nos rodean.
El éxito real no se mide por cuántos seguidores tienes, sino por cuántas personas han crecido a tu lado.
Cuando la ambición se convierte en egoísmo
No hay nada malo en querer avanzar, en desarrollar una marca personal fuerte o en buscar reconocimiento. De hecho, es un impulso natural y necesario para el crecimiento profesional. El problema surge cuando el deseo de sobresalir se convierte en una barrera para la colaboración.
• El líder que toma todo el crédito por un proyecto exitoso sin reconocer a su equipo.
• El colaborador estrella que no comparte su conocimiento para mantener su ventaja.
• El profesional que usa a otros como escalones en lugar de aliados.
El ego es un mal consejero en el mundo corporativo. Puede llevarte a la cima, pero rara vez te ayuda a mantenerte ahí.
Ejemplos cotidianos de individualismo mal gestionado
Piensa en el fútbol: un jugador puede ser la estrella del equipo, pero si no pasa el balón y solo busca lucirse, difícilmente ganará campeonatos.
En la música: un vocalista puede tener la mejor voz, pero sin una banda que lo acompañe, su impacto será limitado.
En las empresas: ocurre lo mismo. Un colaborador excepcional que no sabe trabajar en equipo termina siendo un problema más que un activo.
Porque el verdadero liderazgo no es demostrar que eres el mejor, sino hacer que los demás también crezcan.
Tu marca personal es importante, pero la huella que dejas en otros es lo que realmente trasciende.
El éxito genuino es aquel que se comparte
Peter Drucker lo dijo con claridad: “El liderazgo efectivo no trata de discursos o popularidad, sino de resultados y responsabilidad compartida.”
Esto significa que construir un nombre propio no debe estar reñido con la construcción de un equipo sólido.
Es posible desarrollar una marca personal fuerte sin caer en el individualismo extremo. ¿Cómo?
1. Reconociendo a quienes te han ayudado a llegar hasta aquí.
2. Dando crédito a tu equipo cuando se logra un objetivo.
3. Compartiendo conocimientos en lugar de monopolizarlos.
4. Siendo un líder que impulsa, no que aplasta.
Reflexión final: liderar es dejar huella en otros
La marca personal es clave en el mundo profesional, pero su verdadero valor no está en cuántos te conocen, sino en cuántos crecieron gracias a ti. No te obsesiones con brillar solo; construye un entorno donde todos puedan brillar contigo.
Porque el éxito individual es efímero, pero el impacto colectivo es eterno.
¿Qué opinas? ¿Has trabajado con alguien cuya marca personal eclipsa al equipo? Comparte tu experiencia en los comentarios.
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Domingo 9 de febrero, 2025