“El liderazgo ya no se mide por el número de decisiones que tomamos, sino por la confianza que generamos en quienes las ejecutan”. — José Antonio Llorente
He tenido la suerte de trabajar con equipos donde conviven varias generaciones. He visto cómo los Baby Boomers priorizan la estabilidad, cómo la Generación X valora la autonomía y cómo los Millennials y la Generación Z están cambiando por completo la manera en que nos comunicamos dentro de las empresas. Este cambio no es menor: es una transformación profunda que afecta la forma en que lideramos, motivamos y construimos cultura.
Lo he vivido en reuniones donde los discursos tradicionales ya no generan impacto. Donde los correos largos y formales se pierden en bandejas de entrada saturadas, mientras que un mensaje breve en Slack resuelve el problema en minutos. Donde los colaboradores ya no buscan solo información, sino conexión.
Si hay algo que he identificado en los últimos años, es que los jóvenes profesionales no quieren grandes discursos corporativos. Quieren conversaciones reales. No toleran la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y si las empresas no saben comunicarse con ellos, simplemente, se van.
De la autoridad a la credibilidad
Hace unos meses, presencié una reunión en la que un director intentaba inspirar a su equipo con una presentación impecable, llena de gráficos y cifras. Cuando terminó, uno de los analistas más jóvenes levantó la mano y preguntó: “¿Y cómo sabemos que esto es verdad?”.
Ese momento fue revelador. No se trataba de dudar de la información, sino de la necesidad de construir credibilidad a través de la transparencia.
Las nuevas generaciones han cambiado las reglas:
• Autenticidad por encima de la corrección política. Prefieren una empresa que diga “nos equivocamos” a una que esconda los errores detrás de frases ambiguas.
• Menos comunicación institucional, más conversación real. Lo he visto con directivos que han cambiado sus discursos por sesiones abiertas de preguntas y respuestas con sus equipos. Y funciona.
• De la opacidad a la transparencia radical. Si hay algo que no se puede explicar de forma clara, probablemente haya algo que no está bien.
Este cambio no es solo una cuestión de estilo, sino de sustancia. Y los líderes que no entiendan esto se quedarán hablando solos.
El propósito como eje del discurso
Hace poco, una colega me dijo algo que se me quedó grabado: “No trabajo solo por dinero. Trabajo por algo en lo que creo”.
Ese es el gran cambio de fondo. Las empresas ya no pueden hablar solo de productos, deben hablar de propósito. Y más que hablar, deben demostrarlo.
• El storytelling corporativo ya no es opcional. No se trata de contar historias vacías, sino de transmitir valores reales.
• El impacto social no es un accesorio, es parte del modelo de negocio. La sostenibilidad, la diversidad y la inclusión ya no son discursos secundarios; son parte de lo que define a una empresa.
• Las marcas personales dentro de la empresa importan más que nunca. La gente quiere escuchar a personas, no a instituciones.
No hace mucho, ayudé a una PyME a mejorar su comunicación interna. Lo primero que hicimos fue eliminar los comunicados impersonales y reemplazarlos por mensajes en video de los propios líderes, explicando las decisiones con total transparencia. ¿El resultado? Un aumento en la confianza y el compromiso de los colaboradores. No porque los mensajes fueran perfectos, sino porque eran reales.
Cómo creo que los directivos pueden adaptarse a esta nueva realidad
Si algo he aprendido de 30 años que llevo de experiencia, es que la comunicación es un reflejo de la cultura de la empresa. No se puede fingir.
Las empresas que quieran evolucionar su comunicación deben hacer un ejercicio de coherencia. Algunas claves:
1. Sustituir la jerga corporativa por un lenguaje claro y cercano. Si un mensaje no se entiende, no sirve.
2. Humanizar la comunicación. No somos empresas hablando con empresas, somos personas hablando con personas.
3. Fomentar la conversación interna. No esperar al final del año para escuchar a los colaboradores; el feedback debe ser continuo.
4. Abrazar la transparencia. Comunicar tanto los logros como los desafíos genera confianza.
5. Priorizar el contenido visual y digital. La generación que ha crecido con redes sociales no espera largos documentos en PDF, sino mensajes ágiles y dinámicos.
La comunicación como activo estratégico
Hace poco, un joven talento me dijo: “Yo solo quiero trabajar en un lugar donde me hablen claro”.
Esa es la clave. El cambio en el discurso corporativo no es una cuestión de estilo, es una cuestión de confianza. Las empresas que sean capaces de construir mensajes auténticos, conectar con el propósito y fomentar una comunicación más horizontal serán las que logren atraer y retener a las nuevas generaciones.
José Antonio Llorente, Presidente de LLYC, lo decía mejor que nadie: “El liderazgo no se basa en imponer, sino en inspirar. En un mundo donde la confianza es el principal activo de las organizaciones, saber comunicar de manera honesta y efectiva no es solo una habilidad, es una necesidad estratégica.”
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RaúlGONZALEZ-ROMERO
Domingo 26 de febrero, 2025