Gobernar la narrativa: la función directiva que hoy decide el rumbo de la empresa

I. El error silencioso de la Alta Dirección

Durante décadas, gobernar una empresa se entendió como decidir con rapidez, ejercer autoridad y asegurar control. Ese modelo ya no dirige: administra inercias. La complejidad actual no se ordena con más mando, sino con criterio. El problema no es la falta de liderazgo, ni una “crisis cultural”, ni una comunicación deficiente. El problema es confundir poder con gobierno. El poder decide; el gobierno ordena. Y sin orden, toda decisión se diluye.

II. Qué significa gobernar (en serio)

Gobernar no es influir, ni persuadir, ni alinear voluntades con discursos. Gobernar es establecer el marco de interpretación válido para decidir. Es fijar límites, prioridades y consecuencias. Es definir qué cuenta como problema, qué se considera solución y qué queda fuera del sistema. En términos operativos, gobernar es criterio aplicado: un conjunto de reglas explícitas e implícitas que orientan la acción cuando no hay manual, cuando hay fricción, cuando el entorno presiona.

III. Qué es narrativa (cuando deja de ser marketing)

Narrativa no es storytelling. No es un recurso de marca ni un ejercicio retórico. La narrativa es el sistema invisible que legitima decisiones. Es el relato que explica por qué hacemos lo que hacemos, por qué esto es prioritario y aquello no, por qué aquí se puede y allá no. Toda organización opera dentro de una narrativa, la gobierne o no. Cuando no se gobierna, la narrativa emerge de forma reactiva: rumores, silencios, gestos del poder, contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace.

IV. El vacío que hoy pagan las empresas

Cuando nadie gobierna la narrativa, aparecen síntomas conocidos: estrategias que no bajan, consejos excesivamente prudentes, equipos que ejecutan sin convicción, liderazgos que explican más de lo que deciden. El costo no siempre se ve de inmediato en los estados financieros. Se manifiesta antes en la pérdida de fricción intelectual, en la autocensura, en la fragmentación del sentido. La empresa sigue funcionando, pero ya no avanza; se defiende.

V. La nueva función directiva

Aquí está la tesis central: gobernar la narrativa es hoy una función indelegable del CEO y del Consejo. No se terceriza. No se comunica después. No se improvisa. Implica definir qué historia habilita la estrategia, qué relatos quedan fuera, qué ambigüedades se cierran. Gobernar la narrativa es decidir qué se ordena, qué se corta y qué no se negocia. Es asumir que toda decisión sin relato es ruido, y todo relato sin decisión es propaganda.

VI. Lo que cambia cuando se gobierna la narrativa

Cuando la narrativa se gobierna, la estrategia deja de explicarse y empieza a operar. El liderazgo deja de justificarse y empieza a sostenerse. La cultura deja de pedirse y empieza a producirse. Las decisiones se leen con coherencia, los equipos entienden el porqué antes del cómo y el Consejo recupera su función de ordenar rumbo, no solo de supervisar resultados.

VII. Cierre doctrinal

No se trata de comunicar mejor. Se trata de dirigir.

Las organizaciones no fracasan por falta de mensajes.

Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.

En 2026, dirigir no es mandar más.

Es gobernar la narrativa que decide, en silencio, hacia dónde va la empresa.