Las organizaciones no fracasan por falta de comunicación. Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.
Las organizaciones no fracasan por falta de comunicación. Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.
El poder no dirige. Decide. Y cuando decide sin dirección, desordena. Esta afirmación no busca consenso ni pedagogía: establece un límite. Durante demasiado tiempo se ha tolerado la idea de que el cargo, por sí mismo, habilita a conducir organizaciones complejas. Ese supuesto ha producido estructuras obedientes, culturas frágiles y resultados que dependen más del aguante que de la claridad.
Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
Las empresas mexicanas enfrentarán en 2026 un reto inevitable: gestionar equipos donde la Generación Z ya representa más del 30% de la fuerza laboral formal, especialmente en industrias digitales, retail, servicios financieros, economía creativa y sectores tecnológicos emergentes. Su llegada no solo renueva expectativas: exige nuevos comportamientos de liderazgo. Esta generación, formada en dinámicas de inmediatez digital, crisis globales recurrentes y una cultura laboral más consciente, no responde a estilos jerárquicos tradicionales. Busca líderes que inspiren, acompañen, escuchen y actúen con coherencia. Adoptar estos comportamientos no es “moda”; es un requisito operativo y cultural para mantener talento, reputación y competitividad.