Las organizaciones no fracasan por falta de comunicación. Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.
Las organizaciones no fracasan por falta de comunicación. Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.
Las empresas mexicanas enfrentarán en 2026 un reto inevitable: gestionar equipos donde la Generación Z ya representa más del 30% de la fuerza laboral formal, especialmente en industrias digitales, retail, servicios financieros, economía creativa y sectores tecnológicos emergentes. Su llegada no solo renueva expectativas: exige nuevos comportamientos de liderazgo. Esta generación, formada en dinámicas de inmediatez digital, crisis globales recurrentes y una cultura laboral más consciente, no responde a estilos jerárquicos tradicionales. Busca líderes que inspiren, acompañen, escuchen y actúen con coherencia. Adoptar estos comportamientos no es “moda”; es un requisito operativo y cultural para mantener talento, reputación y competitividad.
Durante décadas, el liderazgo empresarial se entendió como un acto de decisión: elegir, analizar, ejecutar. Pero hoy, en organizaciones complejas, exigentes y públicas, el liderazgo se sostiene por algo más profundo: la capacidad del CEO de comunicar con claridad, coherencia y sentido.
En un mundo sacudido por la incertidumbre, donde los liderazgos tradicionales se erosionan y las instituciones pierden credibilidad, aparece un hallazgo que ningún CEO puede ignorar: la Generación Z, otrora percibida como un bloque homogéneo, hoy se encuentra profundamente fragmentada. Así lo revela el más reciente informe de Edelman Gen Z Lab, The Great Gen Z Divide (2025), un estudio que ofrece pistas vitales para entender a quienes pronto serán —si no es que ya lo son— el motor cultural, económico y laboral de nuestras sociedades