Hay algo más peligroso que el fracaso: creer que el éxito actual es garantía de éxito futuro. Muchos CEOs se estancan no por falta de talento, sino por caer en errores silenciosos que erosionan su liderazgo hasta dejarlo irrelevante. El verdadero riesgo no es perder un negocio, sino perder la capacidad de seguir creciendo como líder.


