Durante décadas, el modelo tradicional de gestión empresarial se ha cimentado en el control. Control de los procesos, de los resultados y, por supuesto, de las personas. Sin embargo, en un entorno caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre y el cambio constante, este enfoque ha demostrado ser insuficiente. Las organizaciones que prosperan hoy no son las que ejercen mayor control, sino aquellas que saben construir confianza.


