Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
Durante décadas, el liderazgo empresarial se entendió como un acto de decisión: elegir, analizar, ejecutar. Pero hoy, en organizaciones complejas, exigentes y públicas, el liderazgo se sostiene por algo más profundo: la capacidad del CEO de comunicar con claridad, coherencia y sentido.
En un mundo sacudido por la incertidumbre, donde los liderazgos tradicionales se erosionan y las instituciones pierden credibilidad, aparece un hallazgo que ningún CEO puede ignorar: la Generación Z, otrora percibida como un bloque homogéneo, hoy se encuentra profundamente fragmentada. Así lo revela el más reciente informe de Edelman Gen Z Lab, The Great Gen Z Divide (2025), un estudio que ofrece pistas vitales para entender a quienes pronto serán —si no es que ya lo son— el motor cultural, económico y laboral de nuestras sociedades
Hoy hablamos de inteligencia artificial, automatización y entornos volátiles. Pero lo esencial no ha cambiado: las personas siguen definiendo el rumbo de las organizaciones.