No es la falta de talento lo que hunde a las organizaciones. Es el ruido. El silencio incómodo. La interpretación errada. Es decir: la comunicación fallida. Porque cuando no nos entendemos, no avanzamos. Y lo que no avanza, se deteriora.
No es la falta de talento lo que hunde a las organizaciones. Es el ruido. El silencio incómodo. La interpretación errada. Es decir: la comunicación fallida. Porque cuando no nos entendemos, no avanzamos. Y lo que no avanza, se deteriora.
¿Qué pasaría si en lugar de vender valores, las empresas los vivieran cada día, en cada decisión, en cada conversación?
No podemos pedir excelencia si sembramos ambigüedad. Cada error repetido, cada tarea mal hecha, cada indicador que no se cumple… antes de adjudicarlos a la “falta de compromiso” del equipo, preguntémonos: ¿Fui claro en las metas? ¿Expliqué el “por qué” además del “qué”? ¿He dado seguimiento, formación y ejemplo?
Si hay algo que el running me ha enseñado en 24 años de práctica constante, es que la disciplina supera al talento, la resistencia es más valiosa que la velocidad y la mente es el verdadero motor de todo logro. Mis 21K favoritos no son solo una meta deportiva, son una metáfora de la vida y del liderazgo.