No podemos pedir excelencia si sembramos ambigüedad. Cada error repetido, cada tarea mal hecha, cada indicador que no se cumple… antes de adjudicarlos a la “falta de compromiso” del equipo, preguntémonos: ¿Fui claro en las metas? ¿Expliqué el “por qué” además del “qué”? ¿He dado seguimiento, formación y ejemplo?


