Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
Durante muchos años se pensó que la cultura organizacional era un elemento “blando”, una dimensión deseable pero no estratégica. Sin embargo, los últimos 20 años han demostrado lo contrario: la cultura es uno de los factores más determinantes para el desempeño, la productividad, la reputación y la sostenibilidad de cualquier empresa. Amy Edmondson lo explica con claridad: “La cultura no es lo que se dice, es lo que se siente al trabajar aquí.” Y lo que se siente, para bien o para mal, termina reflejándose en los resultados del negocio.
En un mundo sacudido por la incertidumbre, donde los liderazgos tradicionales se erosionan y las instituciones pierden credibilidad, aparece un hallazgo que ningún CEO puede ignorar: la Generación Z, otrora percibida como un bloque homogéneo, hoy se encuentra profundamente fragmentada. Así lo revela el más reciente informe de Edelman Gen Z Lab, The Great Gen Z Divide (2025), un estudio que ofrece pistas vitales para entender a quienes pronto serán —si no es que ya lo son— el motor cultural, económico y laboral de nuestras sociedades
Hoy hablamos de inteligencia artificial, automatización y entornos volátiles. Pero lo esencial no ha cambiado: las personas siguen definiendo el rumbo de las organizaciones.