Nos han hecho creer que una empresa es una estructura organizada en niveles, con líneas bien definidas que indican quién reporta a quién. Como si el éxito dependiera de colocar a las personas en el lugar correcto dentro de un diagrama. Pero la realidad es mucho más compleja. Una empresa no es un conjunto de cajas conectadas por flechas, es un organismo vivo que funciona gracias a la calidad de sus relaciones humanas.


