Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
Cuando el ejemplo viene de arriba, las empresas se vuelven lugares donde las personas quieren quedarse, crecer y aportar. Lugares donde el trabajo tiene sentido.
No es la falta de talento lo que hunde a las organizaciones. Es el ruido. El silencio incómodo. La interpretación errada. Es decir: la comunicación fallida. Porque cuando no nos entendemos, no avanzamos. Y lo que no avanza, se deteriora.
Nos han hecho creer que una empresa es una estructura organizada en niveles, con líneas bien definidas que indican quién reporta a quién. Como si el éxito dependiera de colocar a las personas en el lugar correcto dentro de un diagrama. Pero la realidad es mucho más compleja. Una empresa no es un conjunto de cajas conectadas por flechas, es un organismo vivo que funciona gracias a la calidad de sus relaciones humanas.
Me inspiran quienes comprenden que el verdadero valor de una empresa no radica únicamente en sus números, sino en la unión y fortaleza de sus equipos. No se trata solo de formar grupos de trabajo eficientes, sino de crear comunidades internas que caminen juntas hacia un propósito común. Para algunos, la clave está en implementar las últimas herramientas tecnológicas, para otros, en desarrollar sistemas de gestión innovadores.