No fue una decisión sencilla, pero fue inevitable. En algún momento de los últimos años, me di cuenta de que no podía seguir siendo solo un comunicador en el sentido tradicional del término. Durante décadas, había ayudado a empresas a construir mensajes, a crear estrategias comunicacionales y a pulir la percepción pública de sus líderes. Sin embargo, la pandemia causada por la crisis de COVID_19, reveló una realidad cruda: las palabras, por sí solas, no eran suficientes. Los líderes necesitaban algo más; necesitaban aprender a conectar de verdad con sus colaboradores, y yo, en ese proceso, también tuve que transformarme. Decidí convertirme en un humanizador corporativo.

