Hay una línea muy delgada entre construir una marca personal poderosa y convertirte en un lobo solitario que opaca a su equipo. En un mundo obsesionado con la visibilidad, la influencia y el estatus, es fácil caer en la trampa del individualismo extremo. Pero, ¿qué sucede cuando el brillo de una persona apaga la luz del grupo? ¿Hasta qué punto el crecimiento individual es compatible con el éxito colectivo?


