En el contexto empresarial actual, caracterizado por una creciente competitividad y una transformación digital acelerada, surge una necesidad impostergable de humanizar las organizaciones. Este proceso implica un cambio profundo en la cultura corporativa, donde se reconoce y valora el papel esencial de las personas como el recurso más valioso. En lugar de centrarse exclusivamente en las métricas financieras, las empresas modernas buscan integrar prácticas que promuevan el bienestar, el desarrollo personal y la satisfacción de sus colaboradores.