A veces, el mayor problema de una empresa no es la falta de talento, sino el desperdicio del que ya tiene. Como bien lo plantea el estudio de Buk, una experiencia de bienvenida mal diseñada puede activar un proceso de desconexión emocional silenciosa que, sin necesidad de palabras, inicia el camino hacia la rotación, la desmotivación y el cinismo organizacional.


