Las organizaciones no fracasan por falta de comunicación. Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.
Las organizaciones no fracasan por falta de comunicación. Fracasan cuando nadie ejerce gobierno sobre el sentido.
El poder no dirige. Decide. Y cuando decide sin dirección, desordena. Esta afirmación no busca consenso ni pedagogía: establece un límite. Durante demasiado tiempo se ha tolerado la idea de que el cargo, por sí mismo, habilita a conducir organizaciones complejas. Ese supuesto ha producido estructuras obedientes, culturas frágiles y resultados que dependen más del aguante que de la claridad.